Por Mónica Giraldo

En mi experiencia hay un momento justo para el cambio. Es una masa crítica que se va condensando, y si estás alerta, puedes sentir cómo las cosas van a cambiar e inclusive puedes ir presintiendo hacia donde se van a mover y lo que debes hacer para prepararte. Esto incluye lo que deberás soltar y cerrar. El cambio te incluye a ti y también a algo más grande. En tus sueños e intenciones tú has  estado configurando lo nuevo, y a la vez, el contexto amplio donde todo sucede y donde te  encuentras contenido tiene sus propias intenciones. Entonces la suya y la tuya se alinean en perfecta armonía para la manifestación. Lamentablemente puedes perderte el proceso, estar tan aferrado a tu victimización o tu propia historia que la posibilidad de vivir algo nuevo no cabe dentro de lo que crees posible.

¿Cómo se da el cambio?

Tu mente funciona de forma lineal, analítica, ve el tiempo y los movimientos como algo con un principio y un fin, como en una línea de tiempo; un antes, un durante  y un después.La realidad es otra: el movimiento universal es expansivo, todo lo nuevo abarca lo viejo aunque sea completamente diferente. No hay un antes que desaparece, simplemente queda incluído en lo nuevo y como dice Sophie Hellinger: de esta inclusión deriva su fuerza. La forma de lo nuevo sí es diferente, es una forma con mayor eficiencia energética donde tú experimentas mayor bienestar y tal vez felicidad.

Cuando hablo de dejar algo atrás no me refiero a excluir sino a vivirlo de otra manera, a que estés dispuesto a soltar los viejos modos o formas de experimentar la realidad y a acoger las nuevas leyes o reglas que se te presentan.

El obstáculo es la arrogancia

Ser arrogante significa que estás fuera de tu lugar. El movimiento expansivo del cambio involucra reconocer tu lugar y asumirlo con todo lo que implica. El primer lugar que es ser hijo de tus padres nunca cambia, pero a medida que avanzas en la vida, nuevos lugares aparecen: ser alumno, ser empleado, ser jefe, ser miembro de un equipo, hermano, esposo, padre, etc. Al haber expansión es posible que el lugar cambie o las reglas y responsabilidades sean las que cambian. Esto requiere apertura para tu aprendizaje y reconocimiento de lo nuevo.

Que seas humilde entonces significa que reconozcas y ocupes tu lugar. Y también reconocer que hay algo más grande en juego, que la expansión no es tuya sino del universo mismo y tú estás formando parte de ella al darte cuenta y acogerla tal y como es.

En el contexto de lo más grande, de la vida misma, tu pequeño drama personal pierde significancia y aún así tu vida como posibilidad, como lo único que tienes, adquiere toda la relevancia. Al comprender esto eres llamado a vivir intensamente, a que valga la pena cada instante sin posponer nada, con la claridad de que solo este momento tienes y cualquier argumento que te ayude a posponer o vivir algo que no quieres o no deseas se diluirá en la historia después de tu muerte.

Llamo a esto descubrir tu propia insignificancia, la vida te sucede, no puedes hacer nada al respecto pero si puedes elegir si la disfrutas o no, si la pones a tu favor o en tu contra. 

Quedarse solo es quedar libre

Cuando viene el cambio y lo tomas comienza a suceder que algunas de las personas o contextos que considerabas importantes o indispensables para tu bienestar tal vez no formen parte de lo nuevo.  Entonces aparece el dolor, el apego, el miedo a perder algo, a quedarte solo.  Pagar el precio, concepto muy importante del pensamiento sistémico de Bert Hellinger, significa que como adulto asumes el dolor de aquello que se quedará atrás y no formará parte de lo nuevo, al menos no de la misma manera. Para muchos de nosotros la llegada de lo nuevo implica que todos nos den la espalda y nos rechacen acusándonos de charlatanes o desleales. Nos quedamos solos. Y esto nos hace libres para explorar lo nuevo sin miedos ni apegos, al haberlo perdido todo lo único que queda son las nuevas posibilidades.

Abrazar lo nuevo de tal manera requiere mucha fortaleza interior y la confianza de que algo más grande está a cargo y te dirige.  Permitir el movimiento soltanto todo apego no te exime del dolor natural pero si te evita el sufrimiento que se origina en tu resistencia.

Recuerdo hace unos años que unas semanas antes de mi cumpleaños me sentí muy deprimida, como enferma del alma. Fue una sensación muy fuerte que me invadía, tomé de todas mis herramientas y conocimientos y comencé a proponerme estar bien. Me decía: “vas a tener el mejor cumpleaños posible, tu puedes”. Pero la verdad es que me sentía cada vez peor. Una amiga numeróloga que considero un maestra me dijo que alrededor de los cumpleaños había días de crisis. De pronto se me ocurrió que podría observar esta crisis sin hacer nada al respecto, simplemente dejar que pasaran los días y hacer lo mejor posible con la energía disponible que tenía hasta que todo aquello pasara. Fue increíble, en el instante que comencé a “dejar de hacer algo al respecto” me sentí mucho mejor. Y al cabo de unos días la crisis fue mermando hasta que finalmente me sentí bien de nuevo.

Tienes la idea de que todo siempre debería estar bien y si no es así, entonces deberías hacer algo al respecto. Además quieres que las cosas cambien porque no te sientes bien. Pero cuando las cosas cambian sientes miedo y crees que todo empeoró así que comienzas a hacer algo para que todo vuelva a ser como antes. ¡Qué paradójico! Esto solo es difícil y confrontador cuando no confías en la guía de algo más grande. Si al mostrarse el movimiento confías, te aferras a la felicidad y bienestar que deseas experimentar y permites el movimiento, no sufrirás aunque duela y podrás llegar a puerto más fácilmente. Eso sí: nada será igual nunca más. Algunos de los que se fueron regresarán, otros no. Nuevas personas aparecerán, unos pocos se quedarán y confiarán y serán llevados por el mismo movimiento hacia lo nuevo. Bert Hellinger nos invita a ser llevados en el mismo movimiento, permanentemente su llamado es a seguirlo hacia donde él ha sido llevado por las comprensiones de las Constelaciones Familiares. Solo a quienes lo deseamos. Puede suceder que alguien te inspire a ser llevado por su movimiento, puedes percibir a dónde le llevará a él y desear ser llevado también, y puedes elegir y ser llevado por un movimiento abarcador que los lleva a todos y que cada uno vive de forma particular.

Así me sucedió a mí hace poco tiempo. Cuando mi esposo me invitó a vivir mi vida a su lado esto implicó trasladarme de país y “dejar” mi trabajo y a personas importantes para mí como mis padres, hijos, estudiantes, etc. Puedo decir que con la claridad de lo que yo quería y la práctica por años de esta forma de pensamiento no tuve ninguna duda, ni miedo, ni incertidumbre. Sabía que no era posible perder nada y que de alguna manera todo me acompañaría a donde yo estuviera. Y así fue, hoy día sigo en contacto permanente con todas las personas que me importan y ahora ellas forman parte de mi vida de más maneras que antes. Mi hija y mi madre ahora trabajan conmigo, y muchos de mis estudiantes se volvieron mis colaboradores en el proyecto de Escuela online que fundamos mi Diana Campo y yo. Para ellos como para mí, la posibilidad de expandirnos en este trabajo se volvió una realidad que nos abarca a todos y donde cada uno encuentra donde explorar más experiencias de vida.

Con práctica, los cambios pueden convertirse en algo que disfrutas e incorporas fluidamente, aunque las personas que te rodeen cambien. la presencia de todos los que te importan sigue en tu interior y te relacionas con ellos de otras maneras novedosas y que hasta ahora no creías posibles.

Ejercicio:

Haz una lista de todas las cosas que han cambiado para ti en el último año. Reconocer el nivel de resistencia y sufrimiento relacionado con estas experiencias. Observa lo que crees que “perdiste” y llévalo en un movimiento hacia tu corazón dándole un lugar allí y sabiendo que allí permanece siempre. Ahora piensa en los cambios que deseas crear hacia adelante y reconoce la vida no será la misma, que personas o cosas se quedarán atrás pero tú las llevarás contigo siempre. Y lánzate al vacío, algo más grande te recibirá en sus brazos.